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¿A qué jugamos? Jenny Ramirez
Este proyecto que tiene como punto de partida, mi interés en el impacto que cobran la industria carbonífera sobre las costas del distrito de Santa Marta y sus alrededores, haciendo uso de la joyería-arte (o joyería de concepto) y de la imagen publicitaria, como medios expresivos para realizar una denuncia.
En el caso de la joyería, clasificada a través del tiempo dentro de “las artes y los oficios”, hereda de la tradición orfebre, la alquimia del fuego en plena comunión con los metales, evolucionando a la joyería de concepto, que sigue los principios de la construcción y el diseño contemporáneo, pero valiéndose de materiales y elementos cargados de cierta significación emocional e ideológica. No obstante en esta obra, la joya no solo satisface plásticamente la demanda de un concepto, sino que -independientemente del diseño alcanzado- hace parte del concepto mismo, el cual se inserta en la idea de la joya como objeto de poder, como medio suntuario que ha servido en diferentes momentos de la historia para expresar status (económico, político y social) y promover una especie de función sensorial, que pone en evidencia la relación del ser humano con el mundo que lo rodea a través de los sentidos. Desde esa perspectiva el cuerpo se convierte en una especie de mapa, donde son trazadas esas relaciones que se traducen en marcas que señalan rutas de acceso; así por ejemplo un pendiente conducirá al oído (a la escucha); una gargantilla o un collar al paladar y al tacto; un brazalete al tacto, a la vista, al olfato, al oído…
Esta relación espacial y sensorial que la joya elabora para servir de mediación entre el ser humano y lo que lo rodea, le permite a este objeto entregar una idea de territorio, una idea de geografía tanto para quien la porta como para quien la observa.
Por otro lado, la joya entre muchas culturas, es un objeto que se hereda dependiendo de su valor emocional, material, cultural y político; en este orden de ideas, si adherimos al concepto de territorio, nos daremos cuenta que esa misma relación con este objeto –objeto suntuario, objeto de poder, objeto de reconocimiento, objeto de sometimiento- guarda una similitud especial desde un escenario político y económico con las miradas o los modelos que se imponen sobre una región del planeta y que luego se legan a las siguientes generaciones.
En el caso de la tan anhelada idea de crecimiento y desarrollo promovida por los grandes organismos económicos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que por décadas ha brindado a los países del llamado tercer mundo las estrategias para cerrar la brecha de la pobreza, esto ha generado un alto precio: el hecho de seguir heredando los mismos modelos esclavistas y opresivos del pasado, ya que se sigue produciendo en virtud de garantizar las demandas del Primer Mundo y de servir de manera consecuente con sus prioridades de consumo. Tal es el caso de la extracción y exportación de combustibles fósiles como el carbón, la cual se desarrolla en un escenario económico incierto a largo plazo en virtud de los tratados internacionales que restringirán su consumo probablemente en el mediano plazo y que arrastra consigo la mancha del deterioro ambiental que puede dejar a su paso en los países de origen durante los próximos años.
La idea de crecimiento sin embargo, es y seguirá siendo seductora, ha entrado a operar en las mentes de nuestros países con la misma habilidad como lo logra generar la industria de la publicidad en cualquier segmento de mercado, en ese sentido esta idea de crecimiento funciona en consecuencia como idea publicitaria.
Desde el contexto local (Santa Marta D.T.C.H.), pretendo dejar en evidencia cuan engañosos pueden llegar a ser los puertos carboníferos, teniendo en cuenta que el impacto ambiental que están generando tienen injerencia directa sobre las poblaciones (además del hombre, la fauna y la flora marina). La joya en este caso actúa precisamente como mediadora entre la materialidad misma del modelo (oscuro como el polvillo del carbón) y las geografías que pueden afectarse por él.
Por su parte la imagen última del proyecto, que es la imagen publicitaria, refuerza el poder de seducción de la joya, que no contenta con el poder atrayente que guarda en sí misma, acrecienta el deseo de quien observa ya no la pieza, sino la modelo o el modelo que la porta con un dejo de ironía en la sonrisa. A su vez esta estrategia, doblemente seductora (la joya, la imagen publicitaria) será reforzada por el precio exorbitante de la pieza.
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